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  San Sebastián (20 de enero; +302)   Fin  
San Sebastián

No se sabe a ciencia cierta si era natural de Narbona o de Milán. Su profesor, san Ambrosio, decía que era de Milán. San Sebastián era militar, oficial de la guardia del emperador.

Sebastián rebosaba simpatía. Era leal al emperador y cristiano convencido. Un apóstol, un propagandista, un forofo. Así era considerado por todos los soldados que estaban a su cargo. Había sido educado en el cristianismo. De mayor, se metía en las catacumbas para levantar el ánimo de los cristianos que se encontraban temerosos.

El emperador mandó detener a todos los cristianos que hubiere en Roma. Y claro, Sebastián cayó inmediatamente en el mismo palacio imperial. Le hicieron la prueba de que adorara a los dioses del imperio. Pero el soldado, terco él, no estaba por la labor. Los otros soldados lo ataron a un árbol y lo cosieron a flechazos.

Dicen que sobrevivió al tormento de las flechas, gracias al cuidado de una piadosa viuda, santa Irene. Pero cayó de nuevo y lo mataron por flagelación. Su cadáver fue arrojado al lugar más inmundo de Roma, la Cloaca Máxima. De allí lo recuperaron los cristianos para darle sepultura en las catacumbas de la Vía Apia.


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